La Cueva del Beato - Cifuentes
Aproximación: Partimos caminando del mismo Cifuentes desde una señal de madera, que indica el itinerario del camino, situada en la entrada de la Ermita de la Virgen de la Soledad. La ruta es circular y concluye en el Castillo de Don Juan Manuel, por lo que podemos dejar el coche en el centro mismo de la Villa de Cifuentes.
Duración: 1’00 hora.
Distancia: 3 kilómetros.
Dificultad: Ninguna.
Cartografía S.G.E. 1:50.000; Cifuentes 512, hoja 22-20
El itinerario que proponemos es una pequeña variante de la ruta habitual que sigue la tradicional Romería a la Cueva del Beato, que todos los años se realiza el día 8 de Septiembre. Este corto, pero apacible, paseo es además muy recomendable, por su facilidad y corta duración, para familias con niños pequeños que, tras haber visitado nuestra Villa, busquen el contacto directo con la naturaleza.
Nada más cruzar la carretera que une Cifuentes con Canredondo, caminamos por una pista forestal siguiendo las marcas del GR-10 en su discurrir hacia Ruguilla y el Alto Tajo. Poco a poco, las edificaciones de los alrededores de Cifuentes van desapareciendo, dejando paso a extensos trigales y campos de olivo y a la urbanización de los empleados de la vecina Central Nuclear de Trillo. Si nos fijamos, a nuestra izquierda y en lo alto de una loma, se divisa una antena de comunicaciones situada justo en las inmediaciones de nuestro destino, y que nos puede servir de referente para ubicar la posición exacta del legendario Oratorio.
En el paisaje, al fondo, aparecen las famosas “Tetas de Viana”, dos enormes montañas gemelas que dominan el Valle del Cifuentes; y, como réplica, las dos chimeneas de la Central de Trillo, recordándonos que los humanos también sabemos alterar el horizonte si nos lo proponemos. Aún así, la vista del inmenso valle es hermosa.
A menos de un kilómetro del inicio de la ruta, aparece la única bifurcación que vamos a encontrar en todo el camino.
Si tomamos el camino de la derecha, seguiríamos por el GR-10 hasta la Fuente del Chorrillo y Ruguilla.
Tomando el de la izquierda nos adentramos en el pinar que nos conduce hasta la Cueva del Beato.
En seguida, veremos unas cuñas de madera, clavadas en el suelo y pintadas con “spray”, que hacen las veces de señalización. Los escolares de Cifuentes, en un ejemplo a seguir de amor a la naturaleza, instalaron, además, unos paneles informativos (muy deteriorados) de la fauna y flora que nos vamos a encontrar en el recorrido.
El bosque de pinos es un hervidero de vida. Los cantos de los pájaros, el zumbido de los insectos, el ruido de los pequeños mamíferos al esconderse y el olor de las plantas aromáticas, nos invitan a caminar alerta y en silencio.
Con el discurrir de las estaciones, el bosque cambia su ritmo de vida y su aspecto. Algunas plantas pierden sus hojas para pasar el invierno. Sin embargo, en primavera, florecen aprovechando las últimas lluvias. Con el calor del verano y el frescor del otoño, fructifican llenando de colorido las laderas de los montes.
Con los animales sucede lo mismo. Tras el invernaje, su vida se reactiva en primavera, que es el momento adecuado para tener y amamantar sus crías, coincidiendo con el buen tiempo y la abundancia de comida.
En todo caso, el pino rodeno es el elemento predominante del paisaje que, gustosamente, comparte con otras especies de árboles y plantas como el quejigo, el enebro común, el pino rastrero, el tomillo, el romero y la jara estepa. La hojarasca y la gayuba se encargan, mientras tanto, de alfombrar los campos con su manto característico.
En escasos cientos de metros llegamos al paraje conocido popularmente como “La Covacha de los Lobos”. Justo a la izquierda del camino, en una pequeña ladera, se encuentra la Covacha. Es posible que algún día existieran manadas de lobos merodeando en el entorno, pero lo cierto es que, aunque su nombre haya perdurado hasta nuestros días, ya no los hay. Si decidimos subir hasta ella, podremos observar una pequeña cueva que se comunica con otra abertura que hay en la parte posterior de la ladera. Al ser muy estrecha y baja en altura, no es posible acceder al interior. Los que si lo consiguen, son un gran número de insectos y cucarachas que, aprovechando la oscuridad y la humedad de la gruta, la utilizan como cobijo.
Las rocas que componen la Covacha se formaron originalmente por sedimentos, es decir, restos de roca arrancados por agentes químicos erosivos que fueron transportados a este lugar por el viento o la lluvia. Las rocas están dispuestas en capas superpuestas, en estratos, y no se aprecia la mano del hombre en su posición actual. Sin embargo, la Covacha ha sido utilizada desde tiempo inmemorial como refugio de ganado y, por eso, quedan restos de muros de piedra esparcidos en sus proximidades.
Continuamos por la senda hasta llegar al Oratorio de San Felipe Neri o Cueva del Beato donde nos encontraremos con una zona de recreo muy agradable, dotada con barbacoas, bancos y mesas de piedra. Es éste el único lugar donde, con toda precaución y si no hace viento, podremos hacer fuego en los sitios acondicionados para tal uso.
Tanto el Convento, como la Iglesia que nos acompañan fueron edificados en el Siglo XVII por los Congregantes de San Felipe Neri en el lugar donde la tradición sitúa el martirio de San Blas de Oreto en el Siglo I d.n.e. Su veneración durante la Edad Media está documentada, ya que existía un Santuario bajo su advocación, y bajo la de la Virgen de Loreto, desaparecido en un incendio en 1.678. Vuelto a reedificar en el mismo año, el aspecto que hoy ofrece es el resultado de la rehabilitación llevada a cabo después de la nefasta Guerra Civil Española (1.936-39).
Bajo la fachada posterior del Convento, orientada hacia la antigua huerta, se conserva la famosa Cueva del Beato tallada en la roca viva.
Adosada al Convento por la fachada Norte, se encuentra la Iglesia de una sola nave con cabecera semi-hexagonal construida en mampostería. La fachada, enlucida de cemento llagueado, nos muestra una puerta de ingreso bajo un arco de medio punto adovelado. En la clave del arco aparece la fecha “1.671”.
El pavimento, de terrazo moderno, del interior de la Iglesia fue colocado hace escasos años, ocultando la lápida sepulcral que, ante el altar mayor, existía a la memoria del ermitaño Bibiano Gil (+ 1.905). - Ver en “Leyendas, Anécdotas y Curiosidades”, el apartado “El Crimen del Fraile” -. La barbacana construida frente a la Iglesia, así como el canal de conducción de agua y el estanque de la huerta, hoy anegados, son obra del Siglo XVIII.
Tras la parada y obligada visita al Monumento, subimos por una pequeña cuesta que nos lleva, de regreso, hasta la carretera de Canredondo. La cruzamos con precaución, para continuar por la pista forestal que aparece frente a nosotros y que nos conduce hasta el Castillo de Don Juan Manuel y los restos de su albácar, mandados edificar en 1.324 sobre los restos de una alcazaba fronteriza y mahometana. Desde la explanada del Castillo es muy fácil descender hasta el centro de la Villa de Cifuentes donde concluye nuestra excursión.